Hoy compré mandarinas y sin querer regresaste a mi mente. Hace años, cuando apenas
comenzábamos a salir, un vendedor se te acercó en el mercado y te dijo: pruebe estas
mandarinas, están dulces…como el primer beso! Ese día llegaste a mi encuentro con una
bolsa repleta de frutas, una sonrisa tonta y esa historia. Desde ese momento, hasta algo
tan trivial como mencionar el nombre de esa fruta me evoca tus ojos y el sabor de tus
besos. Hace ya tanto de eso! En aquel momento éramos un par de idiotas que caminaban
de la mano, con la certeza de la eternidad paseándonos entre los dedos entrelazados.
Ahora somos dos desconocidos que se persignan ante la mención del nombre del otro, dos
desconocidos que ostentan el cartel de ‘ex’.

carta a un amor
carta a un amor

Con el olor de las mandarinas perfumando mi salón, tomo lápiz y papel y me dedico a escribir
una carta a un amor perdido, a un amor fallido, algo que pudo ser, pero se disolvió sin
esperanzas. No se quien tuvo la culpa, no se si fueron tus malas costumbres o mi bendita
manía de enamorarme de lo que no puedo tener. Te casaste con una libertad sin barreras
y yo era a duras penas, el amante de turno. Me cambiaste por un par de alas, un boleto de
avión y me dejaste veinte maletas llenas de promesas y un corazón roto. Con ese exceso de
equipaje no pude abordar ningún barco, me quedé estancado en esta ciudad que proclama
tu nombre a gritos, arrastrando mi desilusión y mis remiendos. Porque yo sin ti me convertí
en una suerte de espantapajaros que se alimenta de realidad, en tus maletas te llevaste los
cuentos de hadas y mis ganas de soñar.

Luego de todos estos años, luego de otros besos robados, de pájaras bravas que retozan
todavía en mis labios, de muñecas de porcelana que no se rompieron a la primera
embestida; puedo afirmar con certeza que ya no me dueles. Tú ya no me hieres, no me
arrancas lágrimas ni me hace sollozar tu partida. Sin embargo, cuando me siento con ganas
de escribir una carta a un amor, te me vienes a la punta de los dedos. Tú has sido la única
que ha logrado ocupar ese puesto en mi alma.

No se qué ha sido de tu vida, no se si estás sola gozando de tu libertad, que irónicamente
rima con soledad; sólo espero que estés igual que yo, coleccionando historias de viaje,
recordándome con cada mandarina, con cada primer beso. Yo seguiré de este lado,
esperando tu llegada para darte la bienvenida con un abrazo. A lo mejor lo que nos faltan
son años y experiencias, para poder regresar juntos y retomar la historia en el mismo punto
donde la dejamos abandonada. Sobra decirlo, pero aún te extraño y te amo.

Carta a un amor

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