Carta de amor a mi novia

Dulce amada mía:

Jamás olvidaré aquel delicioso momento en el que tus ojos vivaces se cruzaron con los míos, un hola fue suficiente para captar mi atención y el toque delicado de tu mano fue suficiente para hechizarme. Desde aquel momento no soy capaz de apartarte de mi memoria. No se trata sólo de tu prístina belleza, que me hizo pensar (a mi, un hombre poco religioso) en la venida del Reino, de la llegada de los ángeles y en la inmensidad del destino; tu inteligencia reflejada en tus palabras certeras terminaron de ejercer su fuerza magnética.

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Ahora que te tengo a mi lado, que soy el dueño de tus sonrisas, puedo sentirme el hombre más feliz que ha habitado este planeta. Mi única misión es, de ahora en adelante, ayudarte a ser feliz; quitar de tu memoria los malos recuerdos y enseñarte que es posible amar y que el sentimiento se mantenga incólume a través del tiempo. Pretendo acompañarte en todos los momentos de tu vida, celebrar todos tus triunfos y sostener tu mano, ofrecer mi hombro para ayudarte a salir de las vivencias difíciles. Tal vez no pueda solucionar tus problemas, porque ellos son parte de tus lecciones de vida, pero si puedo estar contigo para recordarte que vale la pena seguir adelante.

Quiero estar contigo eternamente, y no te hago promesas que no puedo cumplir, sino que como dice el poeta: hay veces que la eternidad dura un segundo; y es que a tu lado todos los momentos son eternos. Quiero amarte durante toda nuestra eternidad, aprender a ser libre entre tus brazos. Conmigo no hay promesas vacías, ni términos medios, contigo lo quiero todo, contigo lo puedo todo.

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