Viajando hacia la triste luna te encontré. Parecías un alma vieja, abandonada, vapuleada. Quizá por eso nos sonreímos. Quizá por eso fue tan sencillo acercarnos, sentirnos, hablarnos. No éramos más que dos lobos heridos en el pasado que se juntaron para lamerse las heridas, y si algo aprendí es que una relación nunca debe basarse en el pasado ni en la comodidad.

Solitario desamor
Solitario desamor

Fue muy sencillo comenzar. Fue excesivamente sencillo, porque lejos de encontrar similitudes en nuestros intereses, en esto que somos, nos concentramos en lo que ya no éramos. Esta relación se basó en la nostalgia, en extrañar, en la absurda creencia de que un clavo saca otro clavo, cuando la verdad es que apenas comenzábamos a pasar el tiempo.

Y, si, es cierto, nos quisimos. Nos amamos con la rabia de la desesperación, con la pasión quebrada del pasado, de la venganza. No era amor, era un simple acto de rebeldía, de lo que no debía ser. Y es por ello que, a pesar de todo, fuimos un poco felices. Ambos necesitábamos rebelarnos, gritarle al mundo que éramos libres de hacer lo que se nos viniera en gana, así fuese tonto, arriesgado y fútil como este disfraz de relación.

Creo que el principal problema fue que quisimos ponerle nombre a esta locura que apenas debió durar una noche. Quisimos arriesgarnos y nadar contra corriente, como si fuésemos salmones y no humanos, como si no fuese suficiente entender que esto no tenía sentido, que tú y yo no pegábamos ni con cola, que esto era un disparate disfrazado de carnaval. Y como toda empresa arriesgada, terminó estrellándose de forma dramática y despiadada.

Creo que nunca te conocí de verdad, no más allá de estas cuatro paredes, de estas sábanas manchadas de sudor y venganza. Creo que quise amarte, me obligué a hacerlo de una forma que nunca debió ser. No me queda otra que agradecerte, aunque suene extraño. Te agradezco haber sido la despedida, te agradezco haberme sacado del abismo, te agradezco las noches de locura, te agradezco esto que no fuimos, esto que nunca debió ser. Gracias a ti se qué es lo que no busco, lo que no soy, lo que no deseo. Gracias y adiós. Hasta siempre, hasta nunca, quien sabe!

Carta de desamor: Viajando hacia la triste luna te encontré.
Etiquetado en:cartas de amor    cartas de desamor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Leer entrada anterior
Carta de amor para mi novia: Supe que te amaba desde el primer momento

Supe que te amaba desde el primer momento. Cuando mis ojos se posaron sobre ti por primera vez, sentí cómo...

Cerrar