Yo quiero que sigas viva en mi memoria tal como te recuerdo. Eras linda, loca y libre; un ave silvestre imposible de domesticar pero que de vez en cuando se posaba en mi hombro para deleitarme con su canto. Quiero recordarte como eras antes, un valle lleno de caos pero que exudaba paz y tranquilidad. Te deslizabas como si flotaras entre la gente, como si no existiera el suelo y podías hacer que todas las cabezas se giraran ára contemplarte en tu maravillosa e imponente imagen… eras luz, eras brisa, eras mía.

Carta de despedida

Y digo que quiero recordarte como eras antes porque se que ya no eres la misma. Una parte de ti se evaporó como la nieve en verano, como el polen de las flores, como la llama de una vela al viento. Fue como si te metieran en una jaula, como si te hubiesen robado la sonrisa eterna y el deseo de aventura. No se si fueron los años, si fueron las responsabilidades o si sencillamente dejaste que se te esfumaran las ganas de vida. Ahora eres un cascarón vacío, el reflejo de lo que solías ser.

Yo quiero recordarte como eras, toda llena de gracia, rebosante de vida y esperanza, como si le robaras la luz a todas las estrellas para lucirlas en tus ojos, como si tomaras prestada la música de cascabeles danzantes para esconderla en tu risa, como si te apropiases de la insoportable levedad de las plumas para incorporarlas a tus manos de seda… yo quiero recordarte como eras, no como eres ahora.

Creo que permitiste que la rabia, que los celos, el resentimiento y la amargura, esos habitantes indeseables, echaran raíces en tu corazón. Tu espontaneidad se transformó en locura, tu rostro sereno se llenó de ira, las canciones de tu voz se convirtieron en gritos, en discusiones… y perdóname por no entenderte, perdóname por no ser capaz de darte más pruebas de mi amor. Porque tú me lo pediste te bajé la luna, porque me pediste cambié hasta mi forma de caminar, pero no era suficiente. Ya tus ojos están nublados por las ramas de la discordia.

Quiero recordarte como eras, cuando te conocí, cuando comenzamos a hilar este tapiz maravilloso de nuesta relación; quiero recordarte como esa mujer llena de esperanza, de energía positiva, de luz y vida.  Quiero recordarte como eras, linda, loca y libre… porque quiero recordarte como eras y no como eres debo despedirme de ti. Darte alas, regalarte el mundo y la libertad. Quizá un día aparezcas en mi puerta, luego de recordar a qué huele la brisa, a qué saben los luceros…. pero de momento debo dejarte ir, aunque me duela, aunque nos duela. Porque quiero quiero que sigas viva en mi memoria tal como te recuerdo, tal como eres muy adentro.

Carta de despedida
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