De un tiempo para acá he notado grandes cambios en mi, cambios que son lo suficientemente importantes como para intuir que mi cuerpo y mi alma están tratando de decirme algo diferente. A veces puedo decir que me siento enfermo, como si mi alma hubiese escapado de mi cuerpo y no me quedaran fuerzas ni deseos para hacer cualquier otra cosa. Quiero dormir, o leer, o escribir, cualquier cosa en la que el mundo exterior no participe y no me interrumpa. En otros momentos quiero salir a conquistar el mundo, quiero explicarle al universo la maravilla que me acompaña, la cálida sensación energética que me recorre de la cabeza a los pies; estas ganas de comerme los caminos y crear todas las posibilidades para el triunfo.

Carta para declarar tu amor

He visitado a médicos, especialistas y hasta curanderos pero nadie podía darme un diagnóstico certero que explicara mi delicada condición. Sólo hizo falta que, desesperanzado, le contara a mi mejor amigo de la situación y éste, con la sabiduría que sólo otorgan los años me espetó lapidariamente: hermano, usted está enamorado. Tres simples palabras, una frase que cayeron con todo su peso y se abrió un agujero entre las nubes, me visitó un rayo dorado desde las alturas y entendí, por fin, todo esto. No en vano el maestro García Márquez decía en una de sus obras que los síntomas del amor son parecidos a los de una enfermedad.

Y es que cuando no te tengo cerca, cuando tú, el objeto adorado de mis pasiones, se aleja de mi alcance, cuando no puedo gozar del misterio encarnado de tu piel nívea y los aletazos de tus pestañas encantadoras, cuando no escucho tu voz mi cuerpo se descompensa. Quiero dormir todo el día para encontrarme contigo en el reino de mis sueños, donde todo es posible, donte te tengo mía y plena. Sólo quiero leer, porque son los escritores y los poetas quienes parecen entender la terrible dicha de quererte y no tenerte. Sólo quiero escribirte cartas de amor interminables, enrevesadas, donde deposito mi corazón y mis sentimientos aunque no las leas.

Pero cuando logro establecer un contacto, cuando escucho la música cristalina de tu risa, tu voz pronunciando mi nombre, tus dedos rozando simplemente los míos y puedo fundirme en el delicioso abismo de tus ojos negros y el abanico de tus pestañas encantadoras, entonces siento que soy capaz de devorar el mundo, de conquistar naciones. Siento que lo puedo todo, porque tu amor, tu presencia cálida y dulce son lo único que necesito para mantenerme en el estado e felicidad suprema e indetenible que me produce la magia del amor.

Entonces, si ya conozco mi diagnóstico sólo me queda entregarle esta carta y una rosa. En ambaas encierro todas mis esperanzas y mis anhelos, en ellas deposito con confianza la única medicina que necesito para poder poner fin al maravilloso mal que me aqueja y que es que usted acepte ser algo más que mi amiga. Quizá es demasiado pronto, quizá usted tiene tanto miedo como yo, pero conocernos, salir a ver caer la tarde, embriagarnos con las dichas de un día, lograr verla sonreir puede significar un comienzo, una pequeña brecha de felicidad que se abra en medio de la nada abisma que nos azota en estos días. Quizá esto puede ser

Carta para declarar tu amor
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