Cuando estoy en silencio no puedo evitar quedarme absorto mirando por la ventanilla del bus o del tren. Es como si cada árbol que paso, cada pedacito de cielo que se traga el camino me llevara un paso más cerca de ti. A veces no puedo evitar suspirar, como en las películas, y me río un poco de mi arrebatador momento romántico y pienso si todos esos poetas y escritores se sintieron así cuando estaban lejos de sus seres amados.

cartas de amor
Cuando estoy en silencio no puedo evitar quedarme absorto mirando por la ventanilla del bus o del tren.

Pero dejando tanta cursilería de lado, tengo la certeza de cada minuto que pasa acorta la distancia que nos separa. Como si los segundos se comieran centímetro a centímetro el terrible camino que no me permite estar viendo tus ojos y escuchar tu risa cristalina. Pero no tengo miedo, no hay lugar para la duda en mi corazón. Sólo seguridad y certezas, falta poco, muy poco.

Se que un día te tendré en mis brazos como aquella noche, todas las noches. Cada mañana despertaremos juntos y me enseñarás como andar en una bicicleta y yo te enseñaré a cantar en la ducha como si estuvieras en un concierto. Iremos a pasear, iremos a las tiendas de música y bailaremos unos minutos juntos, como si nadie nos estuviera viendo. Haremos la cena juntos, nos quedará deliciosa y luego lavaré los platos y tú los secaras.

Nuestra vida estará llena de pequeños milagros cotidianos, rebosará de risa, alegría, caricias y silencios. Tendremos agendas llenas de ideas maravillosas, y lo mejor será que haremos cosas divertidas, maravillosas, alegres, pequeñas pero llenas de significado. Serás la mejor profesional de todas, y me ruborizaré cuando te vea ganar tantos reconocimientos y alegrías. Tal vez seamos famosos por nuestros trabajos respectivos, pero mi trabajo preferido, al que dedicaré cada uno de mis días será uno solo: hacerte la mujer más feliz del mundo.

Lo mejor de todo, es que cada noche caeremos en la cama, cansados pero felices, satisfechos y con la certeza de que esto es lo que estábamos destinados a hacer desde el día que nacimos. Estamos hechos para hacernos increíblemente felices el uno al otro, es algo que no podemos negar. Y así paso estos días que nos separan, con certezas y sueños, con esperanzas y regalos. Con la seguridad de que falta cada vez menos, unos pocos días, unos pocos kilómetros… a veces pierdo la paciencia, pero se que podría esperarte y alcanzarte por el resto de mi vida.

Carta para un amor a distancia
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