Hay quienes dicen que es mejor tener el corazón roto y destrozado que ir por la vida sin conocer el amor. Yo difiero completamente. Si tuviese una lámpara maravillosa y un genio que me concediera tres deseos, definitivamente pediría una segunda oportunidad a tu lado.

Este un ejercicio futil buscar un culpable de esta ruptura, de este adios que nunca dejó implícito un hasta luego; ambos tuvimos la responsabilidad de esto. Una relación es algo que se construye entre dos personas, ambos tienen que poner de su parte… o al menos eso dicen mis amigos. No me interesa buscar un chivo expiatorio al que achacarle la culpa de este desastre. Quizás haya sido tu embriagadora mirada, tus piernas fantásticas asomando delicadamente por la raja de tu falda, esa forma en la que me miraste cuando nos presentaron… quizás los culpables sean los astros por ponerte en mi camino o mi maldita costumbre de enamorarme de imposibles, como la luna, como tú.

cartas de amor
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La úncia certeza que poseo en este momento es esta tristeza, que paseo por toda la ciudad como un perro herido atado a una cadena. Creo que muy pocos son capaces de entender que esta ausencia de brillo en la mirada, la forma en la que voy a trabajar y luego casa, mecánicamente, como un robot , no se deben a una enfermedad o la crisis de la mediana edad. Nadie entiende que te fuiste aquella tarde gris y te llevaste, enredado entre tus pestañas, un pedazo de mi corazón.

Ya las flores no huelen igual, la comida no me sabe a nada, y puedo decir con toda sinceridad que me da lo mismo que sea lunes o sábado. Me arrancaste la alegría, la esperanza y ese deseo de superviviencia. Es probable que algún día pueda volver a andar por el mundo con esa sonrisa que te llevaste para siempre, que encuentre una forma nueva para ordenar mis días sin tu nombre, pero de momento, ese momento se ve lejano y difuso, como si se tratase de una nueva dimensión.

Sin embargo, a pesar de este eterno nudo en la garganta, de este deseo indomable de quedarme en la cama hasta que regreses, no te odio. Te lo dije una vez y lo confirmo: te amaré eternamente, aunque esa eternidad apenas haya durado unos meses. Es más, rectifico: si tuviera una lámapara maravillosa y un genio que me conceda un deseo, le pediría tu felicidad aunque no fuese a mi lado.

Carta para un amor perdido

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