Carta de amor para mi esposo: No era material para casarme

Siempre, desde muy pequeña, pensé que sería la loca de los gatos. La mujer solitaria y extraña, encerrada en su casa, sin más compañía que la de sus animalitos y sus libros; porque ¿quién se atrevería a compartir vida con este extraño amasijo de sin razones y pasiones enrevesadas? Eres muy complicada, me decían siempre, eres diferente. No era material para casarme, o al menos eso creí.

Eres el amor de mi vida amado esposo
Eres el amor de mi vida amado esposo

Luego pasaron cosas, la vida me llevó a derroteros insospechados y heme aquí, en este lugar poco convencional mirándote a los ojos, casi sin comprender tu sonrisa. Un saludo, una frase completamente alejada de los convencionalismos fue suficiente para engancharnos en una conversación. No quería creerle a las mariposas que me aleteaban en la panza, no podía dar crédito a lo que el corazón, que amenazaba con escapar de mi pecho, me decía a gritos.

El tiempo hizo lo que tenía que hacer y esa tarde, sentados en la misma banca de siempre del parque me dijiste que me mudara contigo. Volví a ser la misma incrédula de muchas lunas atrás. ¿Por qué querrías compartir un espacio conmigo? Y te miré a los ojos y lo entendí: era natural, tú tenías la misma desesperanza tatuada en la frente cuando nos despedíamos. No podías vivir sin mí, yo no podía vivir sin ti. El anillo, la ceremonia, los abrazos, el beso, las flores… todo era la respuesta natural a lo que nuestra alma sabía desde un principio: el mundo no es mundo si no estoy contigo.

Y así comenzó esta aventura, sin planes concretos, hecha a punta de corazonadas, de instinto. Y son varios años a tu lado, varios años en los que tengo la certeza de que puedo vivir sin ti, pero sencillamente no quiero. Es como vivir en un mundo sin colores, es despertar a mitad de la noche en medio del desamparo. El universo ha conspirado para tenerte a mi lado. Es cierto, tenemos un gato, pero no soy la loca de los gatos, soy la que está locamente enamorada de su compañero de vida, de su esposo.

Carta de desamor: Viajando hacia la triste luna te encontré.

Viajando hacia la triste luna te encontré. Parecías un alma vieja, abandonada, vapuleada. Quizá por eso nos sonreímos. Quizá por eso fue tan sencillo acercarnos, sentirnos, hablarnos. No éramos más que dos lobos heridos en el pasado que se juntaron para lamerse las heridas, y si algo aprendí es que una relación nunca debe basarse en el pasado ni en la comodidad.

Solitario desamor
Solitario desamor

Fue muy sencillo comenzar. Fue excesivamente sencillo, porque lejos de encontrar similitudes en nuestros intereses, en esto que somos, nos concentramos en lo que ya no éramos. Esta relación se basó en la nostalgia, en extrañar, en la absurda creencia de que un clavo saca otro clavo, cuando la verdad es que apenas comenzábamos a pasar el tiempo.

Y, si, es cierto, nos quisimos. Nos amamos con la rabia de la desesperación, con la pasión quebrada del pasado, de la venganza. No era amor, era un simple acto de rebeldía, de lo que no debía ser. Y es por ello que, a pesar de todo, fuimos un poco felices. Ambos necesitábamos rebelarnos, gritarle al mundo que éramos libres de hacer lo que se nos viniera en gana, así fuese tonto, arriesgado y fútil como este disfraz de relación.

Creo que el principal problema fue que quisimos ponerle nombre a esta locura que apenas debió durar una noche. Quisimos arriesgarnos y nadar contra corriente, como si fuésemos salmones y no humanos, como si no fuese suficiente entender que esto no tenía sentido, que tú y yo no pegábamos ni con cola, que esto era un disparate disfrazado de carnaval. Y como toda empresa arriesgada, terminó estrellándose de forma dramática y despiadada.

Creo que nunca te conocí de verdad, no más allá de estas cuatro paredes, de estas sábanas manchadas de sudor y venganza. Creo que quise amarte, me obligué a hacerlo de una forma que nunca debió ser. No me queda otra que agradecerte, aunque suene extraño. Te agradezco haber sido la despedida, te agradezco haberme sacado del abismo, te agradezco las noches de locura, te agradezco esto que no fuimos, esto que nunca debió ser. Gracias a ti se qué es lo que no busco, lo que no soy, lo que no deseo. Gracias y adiós. Hasta siempre, hasta nunca, quien sabe!

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