Carta de amor para mi novia: Supe que te amaba desde el primer momento

Supe que te amaba desde el primer momento. Cuando mis ojos se posaron sobre ti por primera vez, sentí cómo cambiaban. Primero, te exploré con curiosidad y luego te observé con decidida admiración. Ambos teníamos la certeza de que esto era diferente. Ambos sentimos la electricidad que se generaban en nuestros cuerpos cada vez que siquiera rozábamos la punta de nuestros dedos.

Una carta de amor para mi novia
Una carta de amor para mi novia

A partir de allí, cada vez que te veía te abrazaba, te sostenía en mis brazos como si tuviese meses, años, centurias sin vernos. Era mi secreto, saber que tenía toda una vida, quizá muchas más, esperándote. Cada mañana al despertar tenía que ocultar mi cara de decepción al comenzar un día nuevo sin ti, y lo único que podía aliviar mi tristeza era verte, sentir tus cálidos labios transferirme un poco de tu afecto en un fugaz beso.

Ese fue el comienzo de esta hermosa aventura que apenas comienza. Desde el principio fuimos esos amantes aventureros que transformaban lo cotidiano en un reto, en un milagro. Gracias a ti aprendí a disfrutar la ciudad, a descubrirla con nuestros pasos, tomados de la mano. Y quiero que ese sea nuestro futuro: un viaje interminable, inigualable en el que ambos tomemos ese bus que llaman vida y seamos compañeros, cómplices, amantes y secuaces. Se que estaré alli para ti, en cara giro del destino, para sostenerte cuando caigas, para celebrar tus triunfos. Serás mi compañera de vida, seremos independientes y felices, pero siempre regresaremos a nuestro verdadero hogar, al nosotros.

Es mi gran deseo saberte libre, pero acompañada por mi. Libre, linda y loca, perfecta, pues tus alas se hicieron para levantar el vuelo, no para ser enjaulada. Volarás por tu cuenta, pero cada vez que gires la cabeza, te encontrarás con la sonrisa de este tonto, que sigue viéndote como el primer día, con una mezcla de estupor y fascinación, enamorado cada día que pasa de tu dulce belleza, de tu sensualidad, de tu hermosa libertad.

Carta de amor no correspondido: Envidio a cada hombre que ha tenido el gran placer de estrechar tu mano

Saber de tu existencia, compartir el espacio contigo me ha hecho descubrir aspectos de mi personalidad que pensé que no existían. Gracias a tí he avanzado a la parte más obscura y profunda de mi, conociéndote, me he conocido un poco más. He descubierto mis límites, mis bajas pasiones y de lo que soy capaz. Gracias a tí se que soy capaz de envidiar. Envidio, con todas mis fuerzas, con todo lo que soy, con todo lo que tengo.

Saber de tu existencia, compartir el espacio contigo me ha hecho descubrir aspectos de mi personalidad que pensé que no existían. Gracias a tí he avanzado a la parte más obscura y profunda de mi, conociéndote, me he conocido un poco más. He descubierto mis límites, mis bajas pasiones y de lo que soy capaz. Gracias a tí se que soy capaz de envidiar. Envidio, con todas mis fuerzas, con todo lo que soy, con todo lo que tengo.
Personas sufriendo por un amor no correspondido

Envidio a cada hombre que ha tenido el gran placer de estrechar tu mano, mirar a tus hermosos ojos, besar tus labios. Cada una de esos individuos que, desde tu más tierna infancia, han tenido la suerte de escucharte musitar un “te amo”.. Envidio a cada una de las personas que te miran cada día, sin importar si son amigos o familiares, o la persona que te sirve el café cada mañana. Envidio la luna, porque te acompaña cada noche y te regala su tenue resplandor. Envidio a las estrellas, porque las cuentas una a una y piensas en tus sueños mientras las contemplas.

Envidio el espejo que te devuelve el glorioso espectáculo de tu rostro. Envidio tu cabellera, que se enreda despiadada en tus dedos, acaricia tu cuello y cae como una cascada sobre tu tibia y bien esculpida espalda. Quisiera ser esa almohada que abrazas, envidio tu pijama, al extraño que te sostiene la puerta, el periódico que lees a diario.

Envidio las mantas que te mantienes abrigado durante las frías noches. Envidio el viento, porque te acaricia de formas insospechadas, se mete hasta el último resquicio de tu cuerpo, como yo nunca lo haré. Envidio tu alma, porque sabe cosas de tí que yo, ni nadie más, llegará a saber.

Envidio como nunca a cada palabra que se escapa de tus labios trémulos, porque yo también quisiera estar en tus labios, danzando en la punta de tu lengua, robándote el aliento, como cada una de las elocuentes palabras que se escapan de tu boca.

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